Autor: Solís Díaz María Guadalupe
La conducta alimentaria es un proceso complejo en el que convergen la necesidad homeostática (el balance energético), el componente hedónico (la búsqueda de placer y recompensa) y los mecanismos de supervivencia. Durante décadas, el estudio de este comportamiento situó al hipotálamo en el centro del escenario. Sin embargo, la neurociencia actual revela al núcleo parabraquial (NPB) como una estructura clave en la regulación de la conducta alimentaria y del gasto energético.
El NPB recibe señales viscerales directas sobre la saciedad y el estado metabólico y las conecta de manera bidireccional con el prosencéfalo, lo que modula emociones y decisiones alimentarias. Es el encargado de traducir la información física del tracto gastrointestinal en una experiencia cognitiva y emocional: decide si un alimento nos satisface, nos resulta adictivamente placentero o nos provoca un rechazo inmediato. https://doi.org/10.62640/Nt2617201ed doi:10.62640/Nt2617201ed
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2026-09-17 | 0 visitas | Evalua este artículo valoraciones
Vol. 17 Núm.2. Mayo-Agosto 2026 Pags. 1435 Rednutricion 2026; 17(2)